Fiesta de la Bruna

El papa Urbano VI estableció esta fiesta el 9 de noviembre de 1389. La leyenda cuenta que un campesino, una noche de verano, encontró por el camino una noble mujer de extraordinaria belleza que le pidió si podía llevarla a Matera en su carro. El campesino aceptó a condición de que la mujer bajase del “traino” (el carro típico que usan los campesinos de Matera) antes de entrar en la ciudad, para evitar posibles problemas debidos a la presencia de una persona desconocida. Pero, cuando estaba por pedirle que bajara, ella desapareció misteriosamente. En la carta que la mujer le dejó al campesino para que se la entregara al obispo ella revelaba su verdadera identidad: era la Virgen que venía a visitar la ciudad de  Matera y que hoy se sigue venerando en la estatua que apareció milagrosamente en el carro en el lugar donde estaba la Virgen. Acogida solemnemente por el  Obispo y por el Clero se le tributó el honor correspondiente y se llevó con procesión hasta la Catedral tras haber dado tres vueltas a la plaza.
La fiesta patronal hoy se celebra recordando este evento con un complejo rito tradicional: la fiesta empieza en la madrugada del 2 de julio con la “procesión de los pastores”, que rememora la fiesta que ellos organizaban antes de salir a pastorear y recorre todos los barrios acompañada por ruidosos efectos pirotécnicos. A mediodía, las estatuas de la Virgen y del Niño, escortadas por caballeros ataviados como legionarios romanos, se llevan hasta el carro de cartón piedra, construído cada año por los maestros de Matera según un tema sagrado distinto, y que se recoge en una nave del barrio popular de Piccianello cerca de la iglesia de la Annunziata, donde ocurrió el prodigio que cuenta la leyenda. Aproximadamente a las seis de la tarde empieza el desfile con el carro arrastrado por mulos y precedido por los caballeros, los obispos y el clero, bajo grandes luminarias. Al llegar a la plaza del Duomo da tres vueltas y tras dejar la Virgen y el Niño en la iglesia reanuda su camino hacia el centro de la ciudad donde la población lo asalta y despedaza porque cree que los trozos de cartón piedra del carro son reliquias que traen suerte durante todo el año hasta la fiesta siguiente y  la construcción del nuevo carro triunfal.