La Catedral

Exterior

La Catedral de Matera que se terminó en 1270, se construyó en la “civita”, el lugar más alto y visible de la ciudad en donde se asentó el primer núcleo de habitantes de los Sassi, en el solar de un monasterio benedictino dedicado a San Eustaquio consagrado en 1082. A principios del siglo XX , al construir los cimientos del colindante edificio del Seminario de la Archidiócesis, se descubrió un terraplén artificial para elevar aún más la Catedral (se puede ver desde doquier del casco antiguo de la ciudad y de los campos que la rodean). Durante sudichas obras se excavaron trincheras de hasta 12 metros, en  las que se detectaron, al ir bajando, todas las capas de las antiguas civilizaciones que vivieron en la ciudad: viviendas de la Edad Media, una pequeña iglesia paleocristiana y viviendas de la misma época, vestigios arquitectónicos y monedas bizantinos, una capa de viviendas romanas, sepulturas griegas con importantes vasijas que pertenecían al típico ajuar fúnebre y por último restos de cerámica peculiar de la primera edad del hierro. En fin, una “radiografia” de la vida antigua de Matera.
El edificio es de estilo románico de Puglia con una parte exterior rica en elementos sumamente simbólicos que recuerdan la vida espiritual de esa época. La portada se asoma al valle del Sasso Barisano y ostenta, sobre la puerta principal rodeada por delicadas decoraciones florales, la estatua de la Madonna della Bruna, santa patrona de la ciudad, y en las hornacinas a ambos lados de la puerta, San Pedro a la derecha y San Pablo a la izquierda. En las hornacinas laterales externas están San Eustaquio a la derecha y Santa Teopista a izquierda, patronos menores de Matera. Las estatuas se podrían atribuír a la familia Persio de Matera, muy activa artísticamente a mediados del siglo XVI.
El rosetón central consta de columnillas y arquillos y se asemeja a la rueda de la fortuna, al juego del azar, muy en boga en esa época.  En la parte superior está el arcángel Miguel con el dragón vencido a sus pies y a los lados figuras que por la forma de vestir parecen estar representando los estamentos sociales emergentes de esa época: un rico a la derecha, un artesano a la izquierda, un noble abajo.
Las cuatro columnillas y las doce semicolumnillas de la parte superior probablemente son una referencia a los cuatro evangelistas y a los doce apóstoles, mientras que las otras figuras que están adornando los detalles arquitectónicos (como las ménsulas de los dos ventanales laterales) son tan sólo una representación “didáctica” de los posibles peligros morales que pueden asechar a un buen cristiano, por ejemplo la sirena (ventanal izquierdo) simboliza la asechanza de los deseos y de las pasiones mortales que pueden apartarle del buen camino, o el águila (ménsula de arriba) que está devorando animales simboliza la posibilidad que el pecado les devore.
La fachada lateral de la iglesia tiene dos puertas monumentales. La primera es la “Porta di Piazza” con unos elementos de decoración sumamente interesantes: en la parte superior una pequeño  relieve enmarcado del profeta Abrán, escogido por Dios para difundir la fe, y padre de las tres religiones monoteístas: Cristiana, Musulmana y Judía, parece sugerir una idea de hermandad entre ellas, mensaje probablemente dirigido a las comunidades de las tres religiones que vivían en la ciudad entre los siglos XIII y XIV; a los dos lados dos monjes benedictinos uno rezando y el otro sumido en la lectura de un libro, evidente referencia a la regla benedictina de “Ora et labora”. Se notan además las típicas decoraciones del románico de Puglia con elementos vegetales entrelazados.
La puerta siguiente es la “Porta dei leoni” que evidentemente lleva ese nombre por las dos estatuas que la adornan, precisamente dos leones agazapados que simbolicamente guardan la fe. La parte superior del portal está decorada con piñas en relieve, motivos  florales y cabezas de ángeles y doncellas que simbolizan la pureza de la Iglesia y según algunos historiadores tienen un fin “apotropaico” es decir, ahuyentar la mala suerte.
Entre las dos puertas una pequeña ventana con finas decoraciones talladas que recuerdan los motivos de la decoración de esta última puerta: es un antiguo sepulcro de un juez sarraceno como reza la inscripción en latín más abajo.
La torre campanario es de 52 metros de altura de planta cuadrangular y una terraza la divide en dos tramos: la parte inferior consta de tres pisos, todos decorados con ajimeces, la parte superior se estrecha y termina con una aguja que remata una esfera con una cruz.
En el campanario hay siete campanas afinadas en mi bemol que durante las celebraciones retumban en todo el casco antiguo de la ciudad.

Interior

Al entrar en la Catedral de Matera es evidente el contraste con el estilo exterior. No ha quedado nada de la decoración original excepto unos pocos frescos importantes y diez columnas con bellos capiteles medievales con figuras, muy tallados y cada uno diferente; lo demás se remodeló completamente con el pasar d los años.
La iglesia con planta de cruz latina y tres naves, tiene 54 metros de longitud, 23 de altura y 18 de ancho. Pasó por sucesivas reformas seculares, se alargó derribando el ábside y modificando su forma.
En el siglo XVII se añadieron estucos y decoraciones por doquier que en el siglo XVIII se cubrieron con una pátina dorada.
El techo original en 1719 se tapó con un cielorraso falso de madera y en el siglo XIX se insertaron tres lienzos de Battista Santoro con temas muy apreciados en la cultura de Matera: San Juan de Matera y San Eustaquio en los medallones laterales y la “Visitación de la Virgen” en el centro. En los recuadros de las paredes justo debajo del cielorraso “Historias de la Virgen”, frescos de Anselmo Palmieri.
A la derecha de la entrada principal se encuentra el famoso fresco “El juicio universal”, único ejemplo de pintura original medieval que aún queda en la Catedral, pintado por Rinaldo da Taranto, maestro de pintura al fresco de finales del siglo XIII que se descubrió durante la restauración de las telas del siglo XVII que se habían colocado allí. En la parte inferior del fresco el Arcángel Miguel aguijonea a los pecadores del infierno que se arraciman ante el ataque de serpientes. En el grupo se notan personas que podemos identificar: un rey, un papa, monjes benedictinos, etc.como para señalarnos la igualdad de las almas tras la muerte. En el Purgatorio (parte superior) hay una escena más estática: piscinas de purificación con imágenes perturbadoras de extremidades y cabezas que salen de la boca de peces enormes: es tan sólo el renacer simbólico de las almas purificadas. Debajo del fresco, la teoria de Santos del siglo XV: San Pedro mártir, San Julián, la Virgen con el Niño y San Lucas.
En la nave a la derecha, respectivamente, encima de la puerta (Porta di Piazza), Madonna delle Grazie entre San Ilario y San Giovanni da Matera de Domizio Persio (1592), encima de la segunda puerta (Porta dei Leoni) hay un lienzo muy bello de Carlo Rosa (1652) de San Gaetano. En el último altar de la nave de la derecha retablo de Vito Antonio Conversi.
El altar mayor, procedente de la Abadía de Montescaglioso, es de fino mármol blanco. Encima se colocó el retablo llamado “Cona Grande” de Fabrizio Santafede, adquirido en Nápoles en 1580. Representa en la parte central la Virgen rodeada por los Santos: Juan Bautista, Juan Evangelista, Blas, Donato, Pedro y Pablo y en el oval en la parte alta, la Santísima Trinidad. Abajo en los recuadros, episodios del Evangelio.
A espaldas del altar Mayor se encuentra el Coro Ligneo, sillería minuciosamente labrada en 1453 por Giovanni Tantino da Ariano Irpino, que consta de 50 sillas  y  está decorada con una tupida red de motivos vegetales, animales fantásticos y figuras sagradas que son una referencia a la cultura franco-flamenca, al repertorio de la decoración islámica y a los textos miniados de los benedictinos.
Al salir del coro, en seguida a la derecha, en  la puertecita de entrada al campanario, un dístico sobre el arquitrabe,  revela la fecha en la que se acabó de construir la iglesia, 1270.

Un poco más adelante, al final del crucero de la izquierda, el retablo del altar de San Miguel, esculpido por Altobello Persio en 1539, representa el Santo en la parte central y la Virgen y cuatro Santos en las hornacinas, y en la predela, en  relieve, la última cena y delicados frisos  renacentistas.
Siguiendo por la izquierda, se aconseja visitar la capilla de “San Nicola al cimitero” donde se encuentra el belén esculpido en 1534 por Altobello Persio y Sannazzaro da Alessano en piedra caliza pintada. Obra muy querida por los habitantes de Matera por representar elementos típicos de la ciudad: el castillo en la cumbre se parece al castillo Tramontano y los pastores con los animales tallados con perfecto realismo (ovejas, cabras y perros guardianes) nos recuerdan la vocación agropecuaria de la ciudad en el siglo XVI.

A partir del siglo XVIII se quitan muchas capillas laterales, (eran hasta 33 a mediados del siglo XVI), pero  nos queda un ejemplo estupendo de esa época: la “Capella dell’Annunziata”. Es la última capilla de la nave de la izquierda, que probablemente realizó Giulio Persio a mediados del siglo XVI. Consta de una bóveda artesonada y de paredes con hornacinas. La estatua en el altar es de la Virgen y el Angel. En el luneto superior una Piedad y a los lados las estatuas de San Roque y Santa Catalina de Alejandría.
El tercer altar se dedicó a  Santa Ana que está junto a la Virgen en el lienzo central pintado por Francesco da Martina en 1632.
El primer altar de la nave merece una presentación especial: fue el altar mayor hasta 1776 y allí se encuentra el fresco de la “Madonna della Bruna” (1270), protectora de la ciudad. El nombre “Bruna” algunos opinan que se debe al color moreno de la tez del rostro de la Virgen pero, lo más probable es que derive de la palabra altomedieval longobarda “brunja” que significa “coraza”, “defensa”, que evidentemente se refiere a la protección que brinda la Patrona a la ciudad.
El 2 de julio la población de Matera venera a su Patrona con una fiesta particular y espectacular.