San Juan en Monterrone

Exterior

Una oscura galería subterránea conecta la iglesia con la cripta de San Juan. Las iglesias en su origen estaban divididas por un delgado tabique de toba. Este estrecho pasillo está decorado con frescos notables que, junto a los de la cripta, abarcan un período bastante largo del siglo XII al XVIII.

Interior

En la pared a la izquierda un Cristo Pantocrátor, es decir Majestad Suprema y Eterna, del siglo XII que bendice según la forma latina y sujeta un Evangelio abierto con un texto griego. En el borde exterior del luneto una inscripción latina. Una fusión armoniosa de elementos latinos y bizantinos.
En la parte alta, sobre un arco truncado, un santo monje, no identificado, del siglo XIII.
En frente San Nicolás, obispo de Mira en Turquía, cuyos huesos se sustrajeron y llevaron a Bari, donde se guardan en la Basílica. El fresco es del siglo XIV.
La galería subterránea termina en la cripta de la iglesia, que se usó primero como baptisterio y despúes como lugar de sepultura, cubierta de frescos sumamente interesantes: en el entrante en frente, a la izquierda, una Anunciación del siglo XIII, y en frente a esta última, en la típico recuadro y arco, un San Joaquín menor, segunda mitad del siglo XIII, apóstol muy venerado por las comunidades cristianas, que se llamó también “hermano del Señor”, porque, probablemente, primo de Jesús. Supuestamente primer obispo de Jerusalen que murió mártir por órden dada por el Sumo Sacerdote del templo judío de Jerusalén, Anano II, y
Al lado un San Pedro de mediados del siglo XIII, ambos atribuídos al Maestro de la Bruna. Se pueden divisar sobre los frescos, a la derecha abajo, estrella de David, y a la izquierda una cruz particular, símbolos grabados por los peregrinos que volvían de Tierra Santa, que parece obligatoriamente hacían un alto aquí. A la derecha, detrás de la esquina, San Jerónimo y Santa Apolonia. Un palimpsesto con la Madonna Odigitria (que indica el camino) según algunos estudiosos y San Andrés conforme a otros. Los palimpsestos son bastante usuales en las iglesias rupestres de Matera. Se trata de frescos superpuestos pintados en épocas distintas, la mayoría de las veces debido a remodelaciones de las iglesias. Se martillaba la superficie de los antiguos frescos para que adhiriera bien la pintura del nuevo pero, en este caso, probablemente por demasiada devoción, no se llevó a cabo este proceso sobre el rostro del santo y por consiguiente, justo en este lugar el nuevo fresco no se quedó pegado y, cayendo, volvió a salir a la luz el rostro del Santo desconocido del fresco subyacente.
En la pared opuesta, el fresco más reciente de la iglesia, representa Cristo y Santa Inés, mártir cristiana, virgen romana, víctima de las persecusiones del emperador Decio. Fue martirizada muy jóven, alrededor de los 12 años, y se recuerda como ejemplo de valentía y pureza. Es la protectora de las jóvenes vírgenes. Para otros, esta figura representa a San Juan, con rasgos muy delicados puesto que a él también le mataron muy jóven. Un fresco del siglo XVI y luego la Virgen con el nombre de quien la encargó.